Lejos está de Dios la impiedad

"Exégesis del Libro de Job: Una mirada a la Justicia de Dios y su Soberanía (La pureza de la Palabra frente al juicio humano)"

El Libro de Job es un drama humano y espiritual de un hombre integro y justo que vive una desgracia desgarradora que junto a sus amigos cuestiona la forma de cómo opera Dios.


Job era un hombre que gozaba de una posición excepcional tanto en lo espiritual como en lo material. Antes de su prueba, su vida se caracterizaba por su carácter y fe, un hombre al servicio del pueblo, respetado por ser consejero y jefe que libraba al pobre, ayudador de los huérfanos, ojos para los ciegos, pies al cojo, consuelo para las viudas y luchador contra el mal. Se vestía de justicia y rectitud, el pueblo lo buscaba y callaban para oír sus palabras y consejos que eran de bendiciones para ellos porque Job hablaba con entendimiento de la causa, ya que estudiaba con diligencia la causa hasta encontrar la verdad. Era un hombre tan temeroso de Dios y apartado del mal, que cuando sus hijos se reunían para celebrar en familia, Job santificaba sus hijos por si acaso ellos hubieran pecado durante el convive. Este temor siempre estuvo en su corazón y mente.


La prueba de Dios, ¿puede mantenerse el hombre íntegro antes Dios durante las adversidades?

Satanás no cree en la integridad del hombre y justifica el comportamiento fiel de Job hacia Dios al cercado de bendiciones que le proporcionaba día a día. Por lo que incita a Dios a quitarle todo eso para que él vea la naturaleza pecaminosa del hombre en Job.

Job fue despojado de todo lo que tenía: sus riquezas, sirvientes y lo más doloroso de sus hijos y su salud, siendo maldecido con una sarna maligna en todo su cuerpo. Todo sucede de manera repentina, dejando a Job en una condición de dolor desgarrador tanto en el corazón y mente como físico, de tal manera que Job no podía valerse por sí mismo, a lo que se le suma que se encontraba aislado ya que su mujer y amigos lo dejaron solo.


La arrogancia e ignorancia del hombre para justificarse ante Dios

“¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?”

ELIFAZ: sostiene que el sufrimiento es el resultado directo del pecado y que la prosperidad es señal de rectitud, al encontrarse él en buena salud y bienes, por lo que asume que él está bien con Dios y su bienestar es una medalla de santidad, que se ganó ante Dios como paga de su sacrificio de mantenerse integro, despojando a Dios de su Soberanía y convirtiéndolo en un deudor del hombre, por lo que sus palabras ignoran que la Gracia de Dios es un regalo inmerecido y es una decisión de misericordia divina.

Ante esto, culpa a Job; al haber perdido todo y sufrir enfermedades, es una prueba de su pecado, por lo que habla falacia diciéndole “tu pecado no tiene límites”, desfavoreciste al pobre y al menesteroso y favoreciste a los poderosos. Y le abre una ventana de su redención al decirle “acepta tu pecado y la corrección del Todopoderoso para que se vuelva bueno y Dios lo restaure”, invalidando nuevamente la Soberanía de Dios y negando que la restauración es por Gracia y no por obras.

“La ceguera de Elifaz nació de su propia comodidad. Su arrogancia lo llevó a confundir su prosperidad con un mérito personal, ignorando que la Gracia no es un trofeo para los perfectos, sino el aliento gratuito de Dios para todos. No conoce que la verdadera espiritualidad no se trata de lo que hemos logrado para Dios, sino de reconocer que dependemos de Su Misericordia”

BILDAD: dice que Dios no se equivoca y no tuerce el derecho por lo que la muerte de los hijos de Job y su condición está justificada por el pecado. Refuerza lo dicho por Elifaz, que sólo una persona limpia y recta es merecedora de la prosperidad de Dios. Que Job es un pecador porque la manera como fue castigado así se conoce desde las antiguas enseñanzas: Dios devora al impío sin piedad. Y que Job no puede justificarse jamás ante Dios por estar en pecado.

“El pecado de Bildad fue convertir la tradición en una sentencia de muerte. Su ceguera nació de ver a Dios sólo como un verdugo devorador, ignorando que la justicia divina no busca la aniquilación del hombre, sino su restauración. Al igual que Elifaz, se embriagó de una prosperidad arrogante y terminó por cerrar la puerta del perdón, olvidando que la Gracia no es para los que ya son limpios, sino el único camino por el cual Dios, en su infinito amor, decide limpiar lo que el hombre da por perdido”

ZOFAR: habla desde su espíritu de inteligencia, afirmando que desde Adán se castiga al impío, y que despojado y devorado es porque esta es la heredad que Dios ha señalado por su palabra. Declara que los secretos de la sabiduría son de doble valor que las riquezas, y que Job lo ignora por lo que desconoce que el castigo recibido era menor al que merecía y que si dispusiese su corazón a Dios y se convirtiera al bien alejándose del pecado el sería restaurado, viviendo en confianza y seguridad.

“La soberbia de Zohar consistió en pretender que su inteligencia era capaz de entender los misterios de la sabiduría de Dios. Su ceguera espiritual puso a Job ante un falso dilema: la muerte por el pecado morir o convertirse en bueno para comprar la prosperidad. Con este juicio, Zofar intentó destronar la Soberanía de Dios, reduciendo la Gracia —ese don inmerecido y libre— a un simple salario por la conducta humana”

ELIÚ: Job no habla con sabiduría y que sus palabras no son con entendimiento. A Job le dice “no has hablado justamente, porque no consideraste que mayor es Dios que el hombre y que no debes contender contra él, porque Dios no da cuenta de ninguna de sus razones”, sin embargo Dios habla de una u otra manera para quitar al hombre de su obra y apartar del varón la soberbia, pero el hombre no entiende; que si hubiera aquí un mediador escogido por Dios le diría que Dios tuvo misericordia de él y que le libró de descender al sepulcro dándole redención, que su oración fue escuchada porque Dios le ama y le restaurará con su justicia. Y le dice a Job que el hombre que dijere pequé y pervertí lo recto y no me ha dado provecho Dios redimirá su alma para que su vida vea luz, y que esto lo hace Dios dos y tres veces con el hombre. Por tanto, Le dice a Job:

“Has dicho más justo soy yo que Dios, que no has sacado provecho de no haber pecado, por lo que, si fueras justo, ¿qué le harás a Dios o que recibirá Dios de tu mano?, tu causa está delante de Dios, por tanto, aguárdale” Más tu has llenado el juicio del impío, en vez de sustentar el juicio y la justicia. Por lo cual teme, no sea que en su ira te quite con golpe, el cual no puedas apartar de ti con gran rescate. Guárdate, no te vuelvas a la iniquidad; pues esta escogiste más bien que la aflicción.


Justifica a Dios

Lejos de Dios está la Impiedad y del Omnipotente la Iniquidad, porque él pagará al hombre según su obra y le retribuirá conforme a su camino. Dios es grande, pero no desestima a nadie, es poderoso en fuerza de sabiduría, no otorgará vida al impío, pero a los afligidos dará su derecho, no apartará de los justos sus ojos, despierta el oído para la corrección y les dice que se conviertan de la iniquidad, si oyeren y le sirvieren, acabarán sus días en bienestar y sus años en dicha, pero si no oyeren serán pasados a espada.

He aquí Dios es grande y nosotros no le conocemos, ni se puede seguir la huella de sus años. Él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder y en juicio y en multitud de justica no afligirá, por tanto, temerán los hombres porque Él no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio.

JOB: reconoce que Dios todo lo puede y que no hay pensamiento que se esconda de él. Y que él hablaba sin entendimiento de las cosas maravillosas, por lo tanto, se aborrecía y se arrepentía, que a Dios le conocía de oído más ahora sus ojos lo ven.

“Dios es demasiado grande para ser juzgado por el hombre, pero demasiado amoroso para ignorar el alma del afligido”

Esa es, sin duda, la médula de la transformación espiritual de Job. Al principio, Job usaba su integridad como un escudo y, en cierto modo, como un derecho legal ante Dios. Pero la prueba lo llevó a un lugar donde ese escudo se rompió, obligándolo a pasar de una fe basada en méritos propios a una fe basada en la revelación divina.


LA JUSTICIA DE DIOS

El desenlace del libro de Job revela que la ira de Dios se encendió contra Elifaz, Bildad y Zofar porque no hablaron de Él con rectitud. En un acto de vindicación pública ante la difamación que Job había sufrido, Dios lo llama “Mi siervo” y establece que solo a través de la intercesión y oración de Job ellos no serían tratados afrentosamente, según la severidad que merecían sus palabras.

De la discusión entre Job y sus amigos, se desprenden:

  • Elifaz: Su pecado fue confundir la prosperidad con el mérito personal. Al gozar de salud y bienes, asumió que su bienestar era una “medalla de santidad”, concluyendo erróneamente que el sufrimiento de Job era la prueba de un pecado ilimitado. Ignoró que la Gracia es un regalo inmerecido y no una paga por la conducta.
  • Bildad: Su error consistió en convertir la tradición en una sentencia de muerte. Visualizó a Dios únicamente como un verdugo que devora al impío, ignorando que la justicia divina no busca la aniquilación del hombre, sino su restauración.
  • Zofar: Su pecado radicó en una arrogancia intelectual extrema. Confiaba tanto en su propia capacidad de raciocinio que cometió la impiedad de pretender medir la sabiduría de Dios con la vara de su entendimiento humano. Su soberbia lo llevó a emitir un juicio temerario: le aseguró a Job que su aflicción era, en realidad, un acto de “misericordia” divina, argumentando que la magnitud de su pecado oculto era tan vasta que el castigo recibido era inferior al que verdaderamente merecía.
  • Job: creía en un Dios justo que socorre al afligido, al menesteroso, a la viuda, su vida era un ejemplo de la naturaleza misericordiosa y justa de Dios en su trato con el prójimo. Su propia integridad se convirtió en una trampa. El respeto y el lugar de privilegio que gozaba en su comunidad —donde era escuchado como un rey y su sabiduría silenciaba a las multitudes— lo llevó a una forma de soberbia cuando llegó la aflicción. Al no entender el porqué de su dolor, terminó justificando su integridad y rectitud como un “derecho legal” para contender con Dios, perdiendo de vista que, ante la majestad del Todopoderoso, incluso el hombre más justo depende totalmente de la misericordia divina.

Reflexión Final para el Guía Espiritual

Este análisis nos advierte sobre el peligro de convertirnos en “consoladores crueles”. Cuando en nuestras iglesias decimos que “si Dios no ha concedido una oración es porque no tenemos un corazón dispuesto”, estamos repitiendo el pecado de Zofar: medir a Dios con nuestra lógica humana.

Debemos recordar que:

  • La prosperidad no es un trofeo de santidad.
  • La doctrina no debe usarse para aniquilar al afligido.
  • La Gracia no es un salario, sino el aliento gratuito de Dios para quienes reconocen que dependen totalmente de Su Misericordia.

La Naturaleza de Dios: Soberanía, Accesibilidad y Redención

El libro de Job nos revela a un Dios Todopoderoso, pero profundamente accesible. Su justicia no es un instrumento de destrucción, sino el fundamento de una restauración que busca rescatar al hombre en lugar de su aniquilación.

Aunque en medio de la angustia podamos sentir que nuestras oraciones no son escuchadas, el testimonio de Eliú nos recuerda que Dios siempre oye y que Él se comunica con nosotros de diversas maneras, aun cuando nuestra limitación humana nos impida comprender su lenguaje en el momento de la prueba. Nuestra desesperación nace de ignorar que Él conoce nuestra causa íntimamente y que su justicia nos invita a aguardarle con confianza.

La grandeza de su misericordia se manifiesta en que no es Dios de una sola oportunidad, Él está dispuesto a redimirnos dos y tres veces, rescatando nuestra alma del sepulcro para que nuestra vida vuelva a ver la luz.

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