La fe nos acerca a Dios

Desde el testimonio de los antiguos en Hebreos 11 hasta los milagros de Jesús, vemos que la fe es capaz de mover montañas. Ya sea a través de la intercesión por otros o la convicción personal en medio de la imposibilidad, la fe actúa como el canal por el cual la Gracia de Dios se manifiesta en la vida práctica. La justicia viene por la fe y es por gracia que somos salvos por medio de ella.


La fe no es un sentimiento difuso, sino la convicción de lo que Dios ha revelado, aún cuando no se comprenda plenamente. Es un don de Dios que se origina por el oír la palabra de Dios. Al creer en Dios, en su presencia y en su poder, la fe nos acerca a Él, y por medio de ella tenemos acceso a su gracia.

Según el compendio de textos bíblicos se define bajo tres pilares:

I. La naturaleza y el origen de la fe

1. Definición y Fundamento

  • Certeza y Convicción: La fe es la garantía de lo que se espera y la prueba de una realidad que no se ve.
  • Origen Intelectual y Espiritual: No nace del hombre, sino del oír la Palabra de Dios. Es un medio, un canal para la salvación que Dios otorga por gracia.
  • El Autor: Jesús es identificado como el “autor y consumador” de este proceso, lo que implica que Él la inicia y Él la lleva a su perfección.

2. La Fe como Lente de la Realidad Cósmica y Espiritual

  • Por la fe, el creyente entiende que el universo no surgió de lo visible, sino por la palabra de Dios. Esto establece que la fe es necesaria para comprender tanto el origen de la creación como el propósito de la vida.

II. La Fe en Acción (Testimonio y Justicia)

La línea de tiempo desde el Antiguo Testamento hasta la doctrina apostólica da a entender cómo la fe se traduce en Justicia.

1. El Testimonio de los Antiguos (Hebreos 11)

La fe siempre produce una acción específica que agrada a Dios:

  • Abel: Ofreció un sacrificio excelente.
  • Noé: Preparó el arca por temor reverente, salvando a su casa.
  • Abraham: Obedeció sin saber a dónde iba y estuvo dispuesto a ofrecer a su hijo, creyendo en el poder de Dios para resucitar.
  • Moisés: Escogió el vituperio de Cristo sobre los tesoros de Egipto porque miraba al “Invisible”.

2. La Dimensión Soteriológica (Salvación)

  • Corazón y Boca: La teología paulina en Romanos establece una dualidad necesaria: se cree con el corazón para justicia y se confiesa con la boca para salvación.
  • Gracia: La fe es el medio, pero la salvación es un don de Dios para que nadie se gloríe. Es el regalo de vida dado a quienes estaban “muertos en pecados”.

III. La Verificación de la Fe: Obras y Pruebas

Expone la relación entre la fe y su evidencia externa.

1. El Perfeccionamiento por las Obras

  • Fe Viva vs. Fe Muerta: Una fe sin acciones que la respalden es como un cuerpo sin espíritu: está muerta.
  • Sinergia: En el caso de Abraham, la fe actuó juntamente con sus obras, y fue a través de esa obediencia que la fe se “perfeccionó”.

2. El Crisol de la Prueba

  • La fe es comparada con el oro. Al igual que el metal precioso, la fe debe ser sometida al “fuego” de las aflicciones para que resulte en alabanza y gloria en la manifestación de Jesucristo.

La fe y su impacto en otros

Aunque la fe es personal en cuanto a la salvación, puede influir en otros. En varios pasajes, la fe de una persona permite que otra sea acercada a Cristo.

Esto no implica que la fe se transfiera, sino que puede ser un medio mediante el cual otros llegan a tener un encuentro con Dios.

La fe y los milagros

Jesús realizó milagros en distintos contextos: en algunos casos sin que existiera una fe previa evidente, y en otros reconociendo la fe de quienes se acercaban o intercedían por otros. Esto muestra que la acción de Dios no está limitada por la fe humana, sino que responde a su voluntad y propósito, como se ve en la resurrección de Lázaro, donde el milagro ocurre para generar fe en los presentes y manifestar la gloria divina.

1. Milagros sin fe previa evidente

En algunos casos, Jesús actúa sin que exista una manifestación clara de fe antes del milagro.

  • El caso del ciego de nacimiento (Juan 9) muestra que la sanación no ocurre como resultado de la fe del hombre, ya que había nacido ciego por lo había vivido toda su vida así. Jesús mismo declara que este hecho tenía como propósito manifestar las obras de Dios en él.
  • El caso de Lázaro (Juan 11) muestra que la resurrección terrenal es posible gracias a la manifestación de la gloria de Dios.

Esto evidencia que el poder de Dios no está condicionado por la fe humana, sino que puede manifestarse soberanamente para revelar quién es Él.

2. Milagros donde la fe es reconocida

En otros casos, Jesús reconoce la fe como parte del proceso.

  • En el paralítico (Marcos 2:5), Jesús ve la fe de quienes lo llevan.
  • En el centurión (Mateo 8:10), destaca una fe que reconoce su autoridad.

La fe puede abrir camino, interceder y llevar a alguien a la presencia de Dios.

La fe mueve montañas

Como en el caso de la mujer sanada, la fe la impulsó a acercarse a Jesús con convicción, creyendo que al tocarlo sería sana, evidenciándose así el poder de Dios en su vida. Esto muestra que cuando el hombre cree con el corazón, confiando plenamente en Dios, aquello que es imposible para él puede hacerse visible por medio del poder de Dios. De igual manera, el centurión evidenció una fe firme, capaz de confiar en la autoridad de Jesús aún a la distancia.


¿Cómo creer en Dios, sus obras, su poder y en su hijo Jesucristo? Sólo a través de la fe podemos tener esa certeza de su existencia, creer en sus promesas y en la vida eterna. La fe nace del oír Su Palabra, por medio de la cual el hombre cree con el corazón para justicia y confiesa para salvación (Romanos 10:10).

A través del testimonio de los antiguos y ejemplos neotestamentarios como la mujer que tocó el manto de Jesús, se evidencia que la fe no es un concepto estático, sino una convicción viva que se manifiesta en la vida del hombre, siendo perfeccionada en las obras y probada en las circunstancias.

Asimismo, la Escritura muestra que Dios puede manifestar su poder soberanamente, aún en ausencia de una fe previa evidente, manifestándose incluso en situaciones de imposibilidad humana, como la resurrección de Lázaro, para revelar sus obras y dar testimonio de quién es Él, mostrando que Jesucristo es el autor y consumador de la fe.

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